lunes, 25 de noviembre de 2013

Infinitos maravillosos

Tu belleza es relativa;
por ejemplo cuando te veo con los ojos cerrados es infinita,
 porque la dibujo con mi alma, 
y cuando te veo con los ojos abiertos; la veo reflejada en mis ojos,
que te abrazan en cada mirada.

martes, 19 de noviembre de 2013

Una pizca de aire


Solo esto es lo que ganas o pierdes al tratar de conseguir un latido de "amor verdadero" de tu corazón (tomando una pizca de aire).

Y esto, (señalando en su pecho el lado izquierdo) lo que auto-destruyes cuando por primera o enésima vez, late tu corazón de verdad; -y luego descubres que todo fue un juego-.

Pero al final del tiempo sabrás si valió la pena tal autodestrucción, por que si por lo menos, una sola vez latió y te hizo feliz, esa pizca de aire, se vuelve oxigeno vital para vivir y volver a amar.

¡¿¡ Dalika BM !?!

Foto tomada de: elmundodesaramujerde35.blogspot.com
Texto Original de: Ana Karen Barbosa Moreno.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Ando chaqueteando las banquetas...

Pueden pasar tantas cosas en un año y lo único importante es sentirse feliz.

Si hablas de mi (por que lo vas a hacer) sabrás bien de sobra que te quise un chingo y jamas te podrás olvidar de mi. Te lo van a preguntar y no importa lo feliz que este hoy sabes también que tu jamas provocaste dicha felicidad en mi ser. 

No fueron tus defectos lo que nos alejo de todo, ni mis intolerancias repartidas a cada segundo en toda tu vida, fue tu incapacidad de romper esa barrera entre "tu" y "nosotros dos".

Que habría sido de nuestras vidas si los planes hubieran sido? No lo sabemos pero lo único cierto es que espero que puedas luchar contra eso que te aleja de las personas que te quieren.

Y es que el sábado me di cuenta de eso y lo comprobé el lunes en la mañana. Aun me quieres y aun te quiero. Pero ese amor no es suficiente para filtrar toda la basura que has dejado en mi alma, en mi ser y sobre todo en mi corazón. 

Así que te dejo con todo y tu orgullo, con todo y tus locas manías de ser solo como tu lo sabes.

viernes, 19 de julio de 2013

ORGULLO NO ES IGUAL QUE HUMILDAD / LAS BATALLAS

Un hombre santo, orgulloso de serlo, ansiaba con todas sus fuerzas ver a Dios. Un día Dios le habló en un sueño: “¿Quieres verme? En la montaña, lejos de todos y de todo, te abrazaré”.
Al despertar al día siguiente comenzó a pensar qué podría ofrecerle a Dios. Pero ¿qué podía encontrar digno de Dios?
“Ya lo sé”, pensó. “Le llevaré mi hermoso jarrón nuevo. Es valioso y le encantará… Pero no puedo llevarlo vacío. Debo llenarlo de algo”.
Estuvo pensando mucho en lo que metería en el precioso jarrón. ¿Oro? ¿Plata? Después de todo, Dios mismo había hecho todas aquellas cosas, por lo que se merecía un presente mucho más valioso.
“Sí”, pensó al final, “le daré a Dios mis oraciones. Esto es lo que esperará de un hombre santo como yo. Mis oraciones, mi ayuda y servicio a los demás, mi limosna, sufrimientos, sacrificios, buenas obras…”.
Estaba contento de haber descubierto justamente lo que Dios esperaría y decidió aumentar sus oraciones y buenas obras, consiguiendo un verdadero récord. Durante las pocas semanas siguientes anotó cada oración y buena obra colocando una piedrecita en su jarrón. Cuando estuviera lleno lo subiría a la montaña y se lo ofrecería a Dios.
Finalmente, con su precioso jarrón hasta los bordes, se puso en camino hacia la montaña. A cada paso se repetía lo que debía decir a Dios: “Mira, Señor, ¿te gusta mi precioso jarrón? Espero que sí y que quedarás encantado con todas las oraciones y buenas obras que he ahorrado durante este tiempo para ofrecértelas. Por favor, abrázame ahora”.
Al llegar a la montaña, oyó una voz que descendía retumbado de las nubes: “¿Quién está ahí abajo? ¿Por qué te escondes de mí? ¿Qué has puesto entre nosotros?”
“Soy yo. Tu santo hombre. Te he traído este precioso jarrón. Mi vida entera está en él. Lo he traído para Ti”.
“Pero no te veo. ¿Por qué has de esconderte detrás de ese enorme jarrón? No nos veremos de ese modo. Deseo abrazarte; por tanto, arrójalo lejos. Quítalo de mi vista”.
No podía creer lo que estaba oyendo. ¿Romper su precioso jarrón y tirar lejos todas sus piedrecitas? “No, Señor. Mi hermoso jarrón, no. Lo he traído especialmente para Ti. Lo he llenado de mis…”
“Tíralo. Dáselo a otro si quieres, pero líbrate de él. Deseo abrazarte a ti. Te quiero a ti”.